Métodos generales de control de enfermedades transmisibles

Inmunización

La inmunidad es el poder de los seres vivos para resistir una infección. Varía en grado no sólo entre personas sino también en la misma persona de un tiempo a otro, dependiendo de su condición física. Puede ser natural o adquirida. Ciertas enfermedades otorgan inmunidad contra un segundo ataque, y la inmunidad puede también ser obtenida artificialmente por la introducción de un suero, toxina, vacuna o virus.

Es una técnica de medicina preventiva cuyo objetivo consiste en procurar resistencia inmune frente a un organismo infeccioso. Con este fin, se inocula al individuo una forma del organismo patógeno que no tiene capacidad de producir la enfermedad, pero si de inducir la formación de anticuerpos. Este proceso se denomina también vacunación debido a que la primera técnica de inmunización consistió en la administración del virus de la vacuna para lograr la inmunidad frente a la viruela.

Las vacunas son la forma más eficaz de protección frente a los virus y otros organismos relacionados contra los que los antibióticos no son eficaces. En los países occidentales se administran ciertas vacunas de acuerdo a un calendario oficial de vacunación. La vacunas de la difteria, tétanos y tos ferina se administran simultáneamente a los tres, cinco y siete meses de vida, coincidiendo con la vacuna de la poliomielitis; a los 15 meses se administran las de la parotiditis, sarampión y rubéola (vacuna triple viral).

Las vacunas se preparan con microorganismos muertos por la exposición al calor o a agentes químicos (como la primera vacuna de la polio, o la vacuna de la fiebre tifoidea); con un toxoide, forma inactivada de la toxina producida por el microorganismo (vacunas del tétanos y la difteria) o con un virus vivo atenuado, es decir, un virus debilitado en el laboratorio de manera que no produzca la enfermedad (como la vacuna de la polio desarrollada por Albert Sabin, o las vacunas del sarampión y la fiebre amarilla).

El médico británico Edward Jenner realizó la primera inmunización moderna en 1796, inoculando el virus de la vacuna para obtener respuesta inmune frente a la viruela. En 1885 el científico francés Louis Pasteur fue el primero en utilizar un virus atenuado, el de la rabia, para lograr la inmunización frente a la infección natural. En 1897 se desarrolló en Inglaterra una vacuna frente a la fiebre tifoidea.

El preparado inmunizante se introduce en el organismo a través de la piel (inoculación), salvo algunas excepciones, como la vacuna oral de la polio tipo Sabin. La duración del efecto protector es muy variable, desde seis meses en el caso de la peste hasta diez años para la fiebre amarilla.

Para inmunizar a una población hay dos estrategias diferentes de vacunación: vacunar de manera selectiva sólo a aquellos individuos con mayor probabilidad de padecer la enfermedad (como se hizo en cierto modo, y con muy buenos resultados, en la reciente campaña de erradicación de la viruela) sin embargo, la mayor parte de las veces se sigue el principio de inmunidad en masa: cuando en una población la probabilidad de que un individuo con determinada enfermedad infecciosa se ponga en contacto con un individuo susceptible (sin inmunidad frente a ese microorganismo) es muy pequeña, la transmisión de la enfermedad tiende a desaparecer.

No es pues necesario vacunar a toda la población, pero para muchas enfermedades se deben alcanzar niveles de protección de al menos el 90% de sus miembros. Esta estrategia, u otras formas mixtas, son las más empleadas en los países desarrollados. En el caso de la rubéola, por ejemplo, las autoridades sanitarias supervisan la vacunación de todos los escolares y de las mujeres en edad fértil.

Todavía se trabaja en la mejora o la creación de nuevas vacunas: hepatitis b, vacunas más eficaces e indoloras de la rabia, o vacunas frente a los principales responsables de las neumonías. En los países en vías de desarrollo se investigan las vacunas del cólera, o las de infecciones parasitarias como la malaria o la tripanosomiasis.

Además de la inmunización activa, en la que se basan la gran mayoría de las vacunas (inducción de la producción de anticuerpos inoculando una forma del organismo infeccioso), otra forma de suministrar resistencia frente a la infección es a través de la inmunización pasiva (administración de un suero que ya contiene esos anticuerpos porque se obtiene de una persona que ha padecido la enfermedad previamente). La inmunización pasiva sólo se emplea en raras ocasiones, como en ciertos casos de hepatitis.

Cuarentena y aislamiento

La cuarentena ha sido aplicada desde los tiempos medievales en Venecia y en otros lugares. Recibe su nombre de la palabra Italiana quaranta, que significa “cuarenta”, el número de días que los buques sospechosos eran mantenidos en cuarentena antes de que se les permita descargar mercancía o pasajeros.

El aislamiento, como el término lo indica, involucra la segregación del paciente. El grado de aislamiento depende de la naturaleza de la enfermedad. Para las enfermedades más rápidamente transmisibles, tales como el sarampión, un aislamiento estricto debe ser aplicado. Ello requiere habitaciones separadas para los pacientes. En algunos casos de fiebre escarlata o difteria, el aislamiento estricto es lo indicado. Para la fiebre amarilla y el dengue, el cubrir la cama del paciente con un mosquitero es un aislamiento suficiente. En general, el aislamiento es más fácilmente logrado en los hospitales. Para la seguridad en los hogares, el cuidado y, de preferencia, ayudantes entrenados, son requeridos.

Control de epidemias

Esta es una de las funciones más importantes de los departamentos de salud. Las investigaciones y las medidas de epidemia son llevadas a cabo por la división de enfermedades transmisibles, en algunos casos con la cooperación de la división de saneamiento. En cualquier evento, para un trabajo efectivo, un director responsable debe ser proporcionado, con autoridad y apoyo legal total.

Los pasos más importantes en la prevención y control de epidemias puede resumirse como sigue:

1. Una pronta notificación al departamento de salud de toda enfermedad transmisible por parte del médico que atiende.

2. Análisis e investigación de los reportes por parte de los oficiales de salud. Esto puede incluir la preparación de gráficas y mapas que muestren los casos ocurridos y el tiempo de ocurrencia, y la compilación de historiales epidemiológicos concisos.

3. Una pronta hospitalización y aislamiento donde sea necesario. Enfermeras de salud pública deben estar disponibles para dar instrucciones acerca del aislamiento y desinfección en el hogar.

4. La inmunización de los contactos donde sea práctico y efectivo.

5. Trabajo de laboratorio dirigido hacia la verificación de diagnóstico, establecimiento de una cura para aliviar el aislamiento, detección de portadores, y pruebas en agua sospechosa, especialmente en enfermedades gastrointestinales.

6. Investigaciones especiales por parte de la división de saneamiento en lo que se refiere a los alimentos y abastecimientos de agua, y la aplicación de medidas de emergencia.

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